Volver a casa

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Les comparto una historia que he leído en el libro “Y si no es ahora, ¿cuándo?” de Marcelo Rittner.

Es la historia de un hombre y un muchacho que comparten asiento y una larga vigilia en un viaje por tren. La mirada en el rostro del muchacho era de preocupación. ¿Qué podría preocuparlo? ¿Sería temor? El hombre está seguro de que el muchacho lucha por no soltar el llanto. El joven mira por la ventana hasta que, por fin, le pregunta al hombre cuanto falta para llegar a Smithville. “¿Te diriges ahí“, le pregunta. “Sí”, contesta. “Es un pueblo muy pequeño, ¿verdad? ¿Vives ahí?” “Si, es decir, vivía”, respondió el muchacho de nuevo. “¿Y vas de regreso?” “Sí, es decir, creo que sí, tal vez…” La pregunta hace que el muchacho vuelva a mirar hacia la ventana.

Pasa un buen rato hasta que vuelve a hablar y relata que hace cuatro años hizo algo malo y, como no pudo enfrentar a su padre, huyó. Desde entonces trabajó sin quedarse nunca por mucho tiempo en un solo lugar, Había aprendido sobre el dolor de la vida. Casi siempre le faltaba dinero, a veces estaba enfermo, por lo general estaba solo y de vez en cuando se metía en problemas. Había decidido volver a casa de su padre. “¿Tu padre sabe que vienes?” “Sí”, respondió el muchacho. “Supongo que irá a recibirte.” “Tal vez. No lo sé.” Silencio de nuevo, y una larga mirada por la ventana. He aquí el resto de la historia:

Le mandé una carta. No estaba seguro de que pudiera perdonarme. Nunca le había escrito. Sé cuanto lo herí. Así que le escribí que vendría a casa si él así lo quería. Hay un árbol a unos metros de la estación. Mi papá, mi hermano y yo solíamos treparnos a ese árbol todo el tiempo. En la carta le escribí a mi papá que, si me perdonaba y quería recibirme en su casa, pusiera un trapo en una de las ramas en ese árbol. Si hay un trapo ahí me bajaré. Si no, sólo continuaré en el tren, no sé hacia donde.

El tren corre por la noche hacia su destino. Poco después se oye el anuncio: “Próxima parada: Smithville”. El muchacho rompe el silencio. “¿Puede usted ver por mí” “Tengo un poco de miedo, no sé que esperar.” Así que intercambian sus asientos. El muchacho permanece inmóvil; no dice nada y hunde la cabeza entre las manos. El hombre busca en la oscuridad. Entonces, lo ve y grita. Grita tan fuerte que todos en el vagón lo escuchan: “¡Hijo, el árbol está lleno de trapos! ¡El árbol está lleno de trapos!”.

Creo que es una historia muy conmovedora, porque en cierto etapa de nuestra vida nos identificamos con ella. En algún momento somos el hijo pero también el padre.

Somos el hijo que teme pedir perdón a la persona herida, el rechazo y vivimos con la duda si nos sabrán perdonar. Así como también podemos ser el padre y aprender a perdonar a los que han tocado nuestras vidas.

Actualización: Me pasan el siguiente video que relata la historia que al parecer es algo popular:

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2 Comentarios en " Volver a casa "

  1. Linda historia, con un mensaje muy profundo, podría decir que guarda cierta relación con la parábola del hijo pródigo. El hecho es que con el tiempo nuestros padres siempre nos perdonarán, hayamos hecho lo que hemos hecho, y con más amor que el que pensamos.
    Aunque aún no me ha pasado algo así, esa historia me ha arrancado un suspiro.

  2. […] unos días relaté una historia que me había gustado del libro, puedes leerla para imaginar que es lo que encontrarás a lo largo […]